Queridos hermanos:

Deseo escribirles esta carta con motivo de la celebración de la Santa Misa en Luján el sábado 20 de octubre pasado.

 

Sé que algunos se sienten desorientados o angustiados y me lo han comunicado. El pedido para la realización de la celebración de esta misa, 40 días antes de su concreción, fue solicitado por el Dr. Julián Domínguez quien vino en representación de algunos gremios y organizaciones sociales con la finalidad de llegarse hasta el Santuario de Luján para pedir por  Paz, Pan y Trabajo en nuestra Patria. Ante este pedido, y ante la finalidad que perseguía el encuentro, no creí oportuno negarme a esta invitación. Tanto más que sé de hermanos nuestros que trabajan diariamente con grandes sacrificios para lograr estos objetivos en su familia y en los lugares donde actúan.

 

Deseo reiterar mi aclaración que el Papa Francisco no tuvo ninguna injerencia en esta decisión. Tampoco estuve en contacto con ningún gremialista para preparar la Misa.

 

Nuestra misión es anunciar a Jesucristo y que Él sea conocido y amado por nuestro pueblo. Nunca tuve el deseo de apoyar ni un partido, ni una ideología, ni una persona. Por tanto, no existió intencionalidad política alguna en la celebración, y les aseguro que no he recibido ningún beneficio económico para nuestra querida Iglesia Arquidiocesana ni tampoco para mi persona.

 

En este momento que vive la Iglesia en nuestra Patria, con el feliz pastoreo del Papa Francisco, y a la luz del Concilio Vaticano II, nosotros como pastores hemos tratado de estar dentro de la sociedad y en relación con los gobiernos con un estilo de independencia y colaboración, cerca del pueblo y de sus procesos históricos.

 

Cada uno de ustedes, queridos hermanos, pertenecen a diversos sectores de la sociedad y adhieren según sus convicciones a distintos partidos políticos. Pero como Iglesia no nos identificamos con ningún partido, ni apoyamos ninguna persona en particular vinculada a los mismos.

  

Mi intención, al aceptar dicha celebración, fue expresada en la homilía y fue la de propiciar un clima de diálogo para superar las dificultades que sufren muchos argentinos. El diálogo, para que sea constructivo, debe ser hecho con sinceridad y sin segundas intenciones. Es escuchar al otro y manifestarle mis puntos de vista. Esto construye puentes que forjan entre nosotros una convivencia fraterna que es el encuentro entre hermanos, tan recomendado por el Papa Francisco y tan necesario en este momento histórico que nos toca vivir. Esto ayuda a superar las dolorosas divisiones o “grietas” que tanto dificultan nuestro crecimiento como Nación.

 

En esta convivencia fraterna, todos, como comunidad de creyentes, caminamos hacia las periferias donde están los más necesitados: los pobres, los enfermos y los excluidos de nuestra sociedad.

 

Estoy convencido que con honestidad y servicio nos fortaleceremos como Nación y así, en este clima de esperanza, educar a las generaciones venideras. En este sentido, como Iglesia, nos oponemos a toda forma de corrupción sea manifiesta que solapada. Este renovado tejido social será el medio más eficaz para acudir a los necesitados, tanto de pan como de educación. Dios nos ayude a cumplir estos objetivos y poder multiplicar las fuentes de trabajo para ganar el propio sustento con dignidad.

 

Sé que algunos han sufrido por la Misa del 20 octubre, les pido perdón, así como otros se han alegrado. Los invito a todos a caminar juntos para superar la dolorosa brecha que vivimos en nuestra sociedad.

 

La Santísima Virgen, Nuestra Señora de Luján, Madre de los argentinos, nos ayude a ser siempre mensajeros de Paz y Esperanza para todos.

 

 

 Mons.Agustín Radrizzani

Arzobispo Mercedes-Luján

PD: Les sugiero leer este comunicado en las Misas del sábado y domingo próximos.

Fecha octubre - 31 - 2018