Nuestro padre obispo +Jorge Eduardo presidió la Eucaristía en la fiesta patronal de San Cipriano, de Las Heras

En la tarde del miércoles 16 de septiembre, nuestro padre obispo +Jorge Eduardo presidió la Eucaristía en la parroquia San Cipriano de General Las Heras, en el marco de su fiesta patronal, acompañado por el párroco Daniel Bevilacqua y el Vicario General Pbro. Lucas Figueroa. La Santa Misa fue transmitida  por los canales digitales.

Al final de la Santa Misa una familia de Cáritas y una de Catequesis plantaron un olivo.

El texto que compartimos es una transcripción textual de la homilía

Cada tiempo de la historia tiene sus momentos más tranquilos, sus momentos más difíciles. En la historia de la humanidad hay momentos en los cuales las situaciones se ponen muy complejas: uno puede recordar catástrofes naturales, guerras.

Los seres humanos siempre en la historia estamos invitados a vivir situaciones muy desafiantes. De hecho, el santo de esta comunidad, Cipriano, en el año 258 muere en una persecución muy grande a los cristianos. Y muere mártir, muere decapitado, lo matan por ser cristiano. Él no quiere renunciar a la fe cristiana y el emperador le dice “Si no renuncias, te mato”, y lo mata por ser cristiano.

Hay tiempos que son más fáciles, tiempos que son más difíciles. Nos ha tocado un tiempo difícil de la humanidad y de nuestra patria, por la pandemia, pero también por todo lo que lleva la pandemia, la situación que trajo la pandemia y que reveló que en nuestro país es muy frágil. La pandemia es algo muy complejo que nos sobrepasa, pero puso en evidencia que nuestro país tiene muchas deudas, muchas fragilidades y que todos, de alguna manera, tenemos que soportar estas fragilidades. Y algunos, no pocos- muchos-, quedan muy expuestos en sus dificultades: los más pobres, los enfermos, los ancianos.

Es un tiempo difícil para todos, tiempo de perplejidad, de angustia, tiempos de muchos miedos. Yo estoy seguro de que si hoy hubiésemos hecho la celebración  abiertamente, muchos hubieran decidido quedarse en casa por miedo al contagio. Hay miedos entre nosotros, pero también miedo al trabajo, miedo a lo económico.

No son tiempos fáciles, son tiempos donde de alguna manera los cristianos nos vamos dando cuenta que el mal es real. Hay circunstancias históricas donde uno palpa el mal, las cosas malas, lo malo. El virus es algo malo, pero también palpamos el egoísmo, la violencia, el interés, en este tiempo a algunos por su propio interés no les importa el otro. El mal lo palpamos. Pero ahí está el Evangelio que acabamos de proclamar recién, donde nos muestra cómo Jesús, Dios, se pone a favor nuestro y va a fondo con el mal.

Porque a Jesús le presentan un paralítico, un hombre que sufría una dificultad seria, no podía caminar. Pero Jesús ve que hay un mal más grande, que nadie ve, solamente ve él. Sólo Dios es capaz de ver el mal más profundo en nosotros.

Hay males que se ven y hay males que no se ven. Y Jesús quiere ir al fondo, liberarnos de los males que muchas veces no se ven y que son muy serios. Y  son los generan más parálisis que la física. Este hombre no podía caminar, pero adentro suyo tenía un mal más serio, más agudo, que lo podía incapacitar para no vivir en plenitud.

Porque es verdad que es una dificultad no caminar, pero mucho más grave es no amar. Hay parálisis interiores que son mucho más fuertes.

Es verdad que la enfermedad es algo serio, difícil, y todo lo que eso conlleva es un gran desafío para todos nosotros. Puede haber adentro nuestro, adentro de una comunidad parroquial, adentro de un pueblo, de un país, males mucho más serios y de hecho están y nos dificultan estar unidos, estar juntos. Uno lo ve, las peleas, los enfrentamientos ¡qué estériles son! Hay un mal que se ve, pero hay males que no vemos y están, están trabajando muy fuerte entre nosotros.

Este es un tiempo para decir: “El desafío es enorme, tenemos que estar juntos” y uno ve cómo los dirigentes, los líderes políticos, se pelean, se enfrentan.

Pero también pasa entre nosotros. ¿Es posible combatir semejante mal con desunión, con desencuentro? Miren qué linda actitud nos decía el Evangelio. Los amigos de ese paralítico que lo llevan, qué linda imagen. Estos cuatro camilleros que van llevando a este hombre delante de Jesús. ¡Qué linda imagen de solidaridad! Qué linda imagen para todos nosotros! Deberíamos nosotros ser los camilleros de este país, de este mundo. Todos juntos delante de Dios, para que Dios nos sane de los males profundos. Este el gran desafío que tenemos los cristianos.

Por eso en la primera lectura el apóstol Pablo, dice algo muy sencillo, muy lindo. “Llevamos oro en vasijas de barro”. ¿Qué es el oro? Es la fe en Jesús. Pero eso está en vasijas de barro, somos muy frágiles y enseguida se rompe. Nosotros nos rompemos fácilmente y entonces, el oro que llevamos se pierde. Tenemos que tener mucho cuidado y Pablo lo dice también en una circunstancia difícil de su vida “Estamos aprisionados por todos lados, nos persiguen, pero el oro que llevamos es tan fuerte, que nos puede ayudar para otra manera de vivir, para otra manera de estar.

Cada vez que celebramos una fiesta patronal en una comunidad, es un buen espacio, una buena excusa para decirnos  qué significa ser una parroquia en medio de una ciudad ¿Qué es ser cristianas, ser cristianos, en medio de esta ciudad, con todas las dificultades que tiene en este momento Las Heras con el contagio, con todo lo que significa el trabajo?

Justamente es ser capaces de mostrar otra manera de estar en esta realidad. Si nosotros damos testimonio de división, de pelea, de egoísmo, de insolidaridad, ¿para qué estamos acá?

El Señor nos ha llamado para dar testimonio de fe, de confianza, tenemos que estar cerca de los que sufren, darles fuerza. La cercanía será -con distancias, por teléfono-, pero tenemos que estar cerca de las personas que tienen hambre, de las personas que están desesperanzadas, con angustia, tenemos que estar juntos, para juntos poder enfrentar este tiempo de la historia, que se nos hizo muy difícil, muy complejo.

Pero como el Señor está entre nosotros y nosotros creemos que Dios está, sentimos que Él nos acompaña y nos da fuerza. Dios no va a hacer lo que tenemos que hacer nosotros. ¿Qué tenemos que hacer? El desafío de poder ser una comunidad fraterna, solidaria, eso nos corresponde a nosotros, esa es nuestra responsabilidad.

Por eso querida comunidad cristiana, querida parroquia, queridas hermanas y hermanos de San Cipriano, querido pueblo de Las Heras, a todos los invito a pedirle mucho a Dios, que vaya a lo más profundo de nuestro corazón y que podamos sentir que Él nos da fuerza para enfrentar este momento. Que el Señor nos quite todos los miedos, todas las angustias, todas las desesperanzas.

Pidamos al Señor que sea nuestro compañero de camino, sabiendo que nos podemos agarrar de él en todo momento y en toda circunstancia. Y agarrados de él, podamos caminar todo este tiempo de la historia con la seguridad de su compañía.