CARTA PASTORAL

FIESTAS PATRONALES DE LA ARQUIDIÓCESIS

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES

Mercedes, Sede Arzobispal, 1 de septiembre de 2019.

Muy querida comunidad arquidiocesana:

            Comenzamos hoy el mes de septiembre, un mes muy significativo para nosotros ya que celebramos las Fiestas Patronales de esta tan querida Arquidiócesis que este año ha cumplido el 85° aniversario de su creación. María, bajo su advocación de las Mercedes, ha acompañado nuestro peregrinar. Con un corazón lleno de gratitud, tenemos la seguridad que nos seguirá animando para transitar cada vez más cerca de su hijo Jesús.

            La historia nos narra que eran tiempos en que los musulmanes saqueaban las costas y llevaban a los cristianos como esclavos a África. Muchos perdían la fe pensando que Dios les había abandonado. Pedro Nolasco, un fiel laico, era comerciante. Decidió dedicar su fortuna a la liberación del mayor número posible de esclavos. En el año 1203 Pedro inició en Valencia la redención de cautivos, redimiendo con su propio patrimonio a 300 de ellos. Formó un grupo dispuesto a poner en común sus bienes y organizó expediciones para negociar redenciones. Su condición de comerciantes les facilitó la obra. Comerciaban para rescatar esclavos. Cuando se les acabó el dinero formaron cofradías para recaudar la «limosna para los cautivos». Pero llegó un momento en que la ayuda se agotó y Pedro se planteó entrar en alguna orden religiosa o retirarse al desierto. Comenzó una etapa de reflexión y oración profunda.

Pedro pidió a Dios ayuda y, como signo de la misericordia divina, le respondió la Virgen que funde una congregación liberadora. La noche del 1 al 2 de agosto de 1218, la Virgen se les apareció a Pedro Nolasco, a Raimundo de Peñafort, y al rey Jaime I de Aragón, y les comunicó a cada uno su deseo de fundar una congregación para redimir cautivos. La Virgen María movió el corazón de Pedro para formalizar el trabajo que él y sus compañeros estaban ya haciendo. La Virgen llamó a Pedro y le reveló su deseo de ser liberadora a través de una orden dedicada a la liberación de los cautivos de los musulmanes, expuestos a perder la fe: “Yo soy María, No dudes en nada, porque es voluntad de Dios que se funde esta congregación en honor mío”.

Pedro Nolasco, fundó la congregación, apoyado por el Rey Jaime I de Aragón, el Conquistador y aconsejado por san Raimundo de Peñafort. Su espiritualidad se fundamenta en Jesús, el liberador de la humanidad y en la Virgen, la Madre liberadora e ideal de la persona libre. Los mercedarios querían ser caballeros de la Virgen María al servicio de su obra redentora. Por eso la honran como Madre de la Merced o Virgen Redentora. Se calcula que fueron alrededor de trescientos mil los redimidos por los frailes mercedarios del cautiverio de los musulmanes.

Hoy, en el contexto de esta rica historia llena de amor, y en el gozo de la Solemnidad que compartiremos el próximo 24 de septiembre, quisiera presentar algunos momentos de la vida de la Santísima Virgen que pueden alimentar nuestro amor por ella, invitarnos a imitarla y ayudarnos a liberarnos de nuestras actuales esclavitudes.

            1. LA ANUNCIACIÓN

             María fue llamada por Dios y respondió ¡Sí!

            También a nosotros Dios nos ha llamado en el Bautismo. En toda vocación, como en la Santísima Virgen, en la nuestra se da un encuentro con el Señor. Y nosotros hemos respondido y queremos renovar hoy ante la Virgen nuestro ¡Sí! Decía el Papa: “El cristiano, como la Virgen María, conserva en su corazón la llamada de su primer encuentro con el Señor y ante las pruebas de la vida vuelve a ese sagrado fuego, que lo conforta y que fue encendido una vez para siempre”.

            2. LA VISITA A ISABEL

            La Virgen se entera que Isabel necesita ayuda y salió enseguida a acompañar a su prima. También a nosotros el Señor nos ha llamado y nos ha puesto en el camino de nuestros hermanos. Es la Iglesia en salida que nos pide el Papa Francisco. Salir para escuchar, acompañar, caminar, consolar. En el ejemplo de la Virgen y los santos, somos una Iglesia discípula, misionera, un hospital de campaña, que escucha las angustias y necesidades de nuestros hermanos, abiertos a otras iglesias, a otras religiones y a otras  ideologías, privilegiando a los pobres y a los alejados, los abraza y los defiende. Somos para todos mensajeros de esperanza y alegría. 

3. EL NACIMIENTO DE JESÚS

            Y San José eligió una gruta para que naciera Jesús. El padre quiso que su hijo naciera acompañado por María y José. Así pasa en nuestra vida: cuando vivimos sirviendo a nuestros hermanos, allí nace Jesús que se hace presente en la comunidad.  Esta es la Iglesia sinodal que el mundo necesita. Sínodo viene del griego: sýn – odos que significa caminar con. Es decir, este es el plan de Dios para este momento de la historia. Aprender a caminar juntos, como Jesús que creció acompañado de María y José. También nosotros, a la luz del Vaticano II, somos discípulos que viven en comunión. Esta es la Iglesia sinodal que refleja en el tiempo la vida de la Trinidad. Esto crea el clima de alegría, benevolencia, luz y paz.

4. LA VIDA EN NAZARETH

 Ellos vivían una vida de gran hermandad, era una familia de pueblo. José era carpintero ayudado por Jesús. María era ama de casa. Así también es para nosotros la vida de todos los días. Con sus momentos de alegría, pero también de cansancio y por momentos de angustia. Que hermosa la despedida del Papa al episcopado de Irlanda: “Estoy cerca de ustedes. Vayan adelante y ¡Ánimo! El Señor es bueno. La Virgen nos cuida. Y cuando las cosas se ponen difíciles, en los momentos de turbulencia espiritual, debemos refugiarnos en la Santa Madre de Dios”.

5. MARÍA DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS

La Santísima Virgen sigue a Jesús. Sabe de sus milagros, de su doctrina, de la elección de los apóstoles. Sabe que Jesús está en medio de la gente. Así también nosotros, como Jesús, procuramos vivir en medio de la gente, especialmente con los que sufren. Cuando alababan a su Madre, Jesús respondió: “Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.

6. MARÍA AL PIE DE LA CRUZ

En el momento dramático del calvario, María ve torturado a Jesús. Lo ve sufriendo. En aquel momento y con Juan que nos representa, nos confía a María, su mamá y nuestra mamá. Sabiendo que Él murió por nosotros, al contemplar la cruz hacemos un acto de fe y decimos: “murió por mí” y por eso “Hemos creído en el Amor”. Aquí radica la fuerza de nuestra vida: en la cruz y en el infinito Amor de Dios por cada uno de nosotros. Dice el Papa en Gaudete et Exsultate, 92: “la cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación”.

            7. EL CIELO

            Esta será la etapa última de nuestra vida terrena y allí habrá un momento en que estaremos con la Santísima Trinidad y María para siempre. Esta es la meta a la que tiende la Iglesia. Dice el Santo Padre: “Más que un logro se trata de un “estado” del alma donde nuestras expectativas más profundas se realizarán en modo superabundante y nuestro ser, como cristianos y como hijos de Dios llegará a la plena maduración. Al final seremos revestidos por la alegría, la paz y el amor de Dios en modo completo, sin límite alguno y estaremos cara a cara con Él. Es hermoso pensar en el cielo. Todos nosotros nos encontraremos allá, todos. Es hermoso, da fuerza al alma”. Esta vida en Dios fue el sueño de los santos.

            Hermanos y hermanas, pidamos especialmente a la Virgen de la Merced, nuestra celestial Patrona, que por su intercesión nos conceda el Señor la gracia de meditar estos misterios, siendo artesanos de la historia y con el corazón puesto en el cielo.

            Madre de la Merced, derrama tus dones celestiales sobre toda la Arquidiócesis y permite que aquellos que acudimos a vos podamos encontrar el consuelo maternal a nuestros desvelos y luchas.   

            Que así sea.

+ Mons. Agustín Radrizzani

Arzobispo de Mercedes-Luján

Fecha septiembre - 2 - 2019