Queridos hermanos:

                                   En este primer domingo de Adviento, por indicación del Santo Padre Francisco, daremos inicio al año dedicado a la vida consagrada que se prolongará a lo largo del 2015.

                                   La iniciativa es una gracia grande que el Señor nos regala para centrar nuestra atención en este don de Dios a su Santa Iglesia. A lo largo de los siglos la Providencia ha enviado al mundo mujeres y hombres que sensibles a los problemas de su tiempo han recibido del Espíritu Santo la inspiración a realizar una obra que respondiera a las necesidades de su tiempo. Así, cuando cesaron las persecuciones, en los primeros tiempos del Cristianismo, algunos creyentes buscaron una vida más retirada para responder a la radicalidad del Evangelio. En tiempos de pestes surgieron los consagrados a Dios para los enfermos, ante una Iglesia principesca surgen las órdenes mendicantes, cuando se necesita educar al pueblo nacen las congregaciones educativas. A lo largo de los siglos siempre hubo fundaciones con orientación contemplativa.

                                    Esta iniciativa del Papa se da en el contexto de los 50 años de la celebración del Concilio Vaticano II y, más específicamente del Decreto Conciliar Perfectae caritatis.

                                    ¿Cuál es la finalidad de esta convocatoria? Los explica el Cardenal Prefecto Joao Braz de Aviz: “Dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada, abrazar el futuro con esperanza y vivir el presente con pasión”. Estas tres dimensiones de pasado, presente y futuro nos pueden ayudar a iluminar al Pueblo fiel para que también nuestros hermanos puedan vivir con gozo este año jubilar.

                                    El documento conciliar nos recuerda que cada instituto debe mirar a su fundador y tener una fidelidad activa y comprometida. Desde el camino fundacional, ¿de qué manera podemos servir a nuestro tiempo especialmente a los que viven en la periferia tanto geográfica como existencial? Ya los religiosos están empeñados en no quedarse anclados en la nostalgia de estructuras, recursos o medios del pasado sino pasar al compromiso prioritario con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, desde una reflexión serena y una mirada contemplativa.

                                   Y nosotros ¿qué podemos hacer? Ante todo amar la vida consagrada, recordando lo de San Francisco de Sales: Si un hermano tiene 99 defectos y una virtud, miro esa virtud. Esto nos ahorrará muchos comentarios que no sólo no construyen sino que deberemos rendir cuenta a Dios por la postergación del advenimiento del Reino sea por comentarios negativos, sea por el escándalo que provocamos entre los hermanos de nuestras comunidades.

Una segunda forma es insistir en la dirección espiritual, y pensar si Dios no puede estar llamando a quienes acompañamos a una mayor consagración. Esta misma invitación puede ser hecha en las charlas a grupos o en las homilías a nuestras celebraciones. Otra forma de apoyo es la visita que podemos realizar a las comunidades de consagrados o, cuando ello sea posible, invitarlos a presentar el carisma o invitarlos a compartir nuestra mesa. Asimismo, podemos ayudar a las comunidades religiosas con alimentos o con otros medios, sin excluir la colaboración económica.

                                    Queridos hermanos: Estoy convencido que el amor apasionado que ustedes tienen por Jesús y por la Santa Iglesia los harán descubrir nuevas formas de acompañamiento y promoción de la vida religiosa, seguros de que Dios no se dejará vencer en generosidad cuando demostramos amor por una obra suya.

                                    Con la alegría de la próxima ordenación sacerdotal de nuestro hermano Diego Celay y deseándoles un santo tiempo de Adviento, los saludos con afecto en Jesús y María.

                                                                                  + Agustín

Fecha noviembre - 27 - 2014