Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él”.

(1 Jn 4, 16)

Introducción

La acción pastoral en nuestros días nos exige dar respuestas a los desafíos que se nos  plantean y “sólo quien reconoce a Dios conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano” (Aparecida, Disc. Inaugural 3).

Con ocasión de la convocatoria al Año de la Fe, el Santo Padre nos presenta una mirada de la realidad actual diciéndonos que el presupuesto de la fe no sólo no aparece, sino que incluso con frecuencia es negado. (Cfr. Porta Fidei 2). Lo mismo hicieron los Obispos reunidos en la V Conferencia General sobre nuestro continente, alcanzando conclusiones que nos interpelan: se ha disuelto la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios; se excluye a Dios de la vida; la ciencia y la técnica son los únicos criterios válidos; se pretende imponer una cultura homogénea, consumista, individualista, indiferente, subjetivista, carente de vínculos familiares, pragmática, inmediatista, y artificial. (Cfr. Cap II de DA). En la misma línea, en nuestro país, los Obispos han realizado una lectura de la realidad en la que constatan algunas certezas y vislumbran varios desafíos.  En Navega mar adentro afirmaban: “El desafío radical y englobante que queremos asumir en la Argentina es la profunda crisis de valores de la cultura y la civilización en la que estamos inmersos. Otros desafíos están relacionados con dicha crisis: diversas búsquedas de Dios, el escándalo de la pobreza y la exclusión social, la crisis del matrimonio y la familia, la necesidad de mayor comunión. (NMA 23)

Con la certeza de sabernos amados por Dios, y enviados a dar a conocer el amor que Él nos tiene por el testimonio de nuestra fe, como Pueblo de Dios peregrino en Mercedes -Luján, queremos dar pasos que nos conduzcan a vivir una comunión más plena y a realizar una pastoral más orgánica. Reconocemos en la pluralidad de dones y carismas de nuestra Iglesia Aquidiocesana una riqueza para vivir la comunión.

Estamos llamados por Jesús a vivir el ideal de la unidad: “sean uno para que el mundo crea” (Jn.17, 22). Es un mandato del Señor, pero también un reclamo común en la voz de nuestro pueblo que a través de la Asamblea Arquidiocesana de septiembre de 2010 y de los encuentros de las distintas áreas de pastoral que de allí en adelante se realizaron, donde reiteradamente expresaron este anhelo común. A la luz del trabajo realizado entendemos que hay que iniciar un camino pastoral que, con esfuerzos, nos permita acercarnos a este ideal propuesto por el Señor y esperado por todos.

 

¿Por qué un ideario?

Entendemos que aún nos falta hacer camino como Iglesia arquidiocesana para elaborar y asumir un Plan o Proyecto Pastoral. Por eso queremos proponernos un ideario que nos permita dar los primeros pasos en el camino de concretar criterios y acciones pastorales en común, y que sea verdaderamente asumido por todos.

Dentro de un proyecto pueden distinguirse distintas etapas. En principio surge una idea, que establece la necesidad de diseñar un proyecto. En la etapa de diseño propiamente dicha, se realiza una valoración de las opciones y estrategias a seguir, con el objetivo a cumplir como guía. Finalmente, se llega al momento de la ejecución y, una vez finalizada se realiza la evaluación.

 

¿Y qué es un ideario?

–          No es un plan pastoral, con objetivos, tiempos y actividades programadas;

–          No es una serie de prioridades pastorales, ya que de este modo estaremos asumiendo algunas áreas y postergando otras;

–          Es un conjunto de ideas o el repertorio de las principales ideas de nuestro Pastor y de la Comunidad Arquidiocesana.

–          Son “ideas fuerzas” que, asumidas, se constituyen en la columna vertebral de todas las iniciativas y acciones pastorales a desarrollar en nuestras comunidades parroquiales.

 

Este ideario será presentado en este texto a partir de cuatro dimensiones[1 Cfr. Benedicto XVI, Deus caritas est, 25.], a saber:

 

Comunión

Testimonio

Servicio

Celebración

 

COMUNIÓN

Nos urge responder con hechos concretos al mandato de Jesús: “SEAN UNO”. “El Misterio de la Trinidad es la fuente, el modelo y la meta del Misterio de la Iglesia: un Pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (D.A.156). La Iglesia es misterio de comunión, y entendemos que para ser uno hay que poner en el centro de nuestra vida a Jesús y su Mensaje. Así, necesitamos vivir un encuentro vital, personal y comunitario con el Maestro que transforme la propia vida, entusiasme y la resignifique. Para eso debemos favorecer las iniciativas de participación y alentar todos los modos e instrumentos para la comunión.

  • Reconocemos la necesidad de un mayor acompañamiento  y cercanía del obispo, los sacerdotes, los religiosos y los laicos entres sí.
  • Constatamos la necesidad de una mayor comunicación y diálogo que favorezca la participación compartiendo talentos y experiencias personales y comunitarias, evitando reducir a un grupo cerrado la planificación y formación pastoral.
  • Valoramos la pluralidad de grupos y carismas comprometidos en el anuncio del Evangelio.
  • Asumimos como prioritaria la pastoral vocacional, y en este sentido comprometemos nuestro acompañamiento. Valoramos la vocación al diaconado permanente y alentamos su promoción en nuestra Arquidiócesis. 
  • Proponemos un buen uso y aprovechamiento de medios de Comunicación Social y el avance de la tecnología.
  • Animamos la realización de los encuentros de agentes de pastoral parroquiales, zonales y arquidiocesanos, como así también la constitución de los Consejos Pastorales (Parroquiales, Zonales y Arquidiocesano).

TESTIMONIO – ANUNCIO

El Señor que nos llama a la unidad, lo hace: “PARA QUE EL MUNDO CREA”. En un tiempo donde las palabras huelgan, todo es cuestionado y la sociedad se sumerge en un fangoso relativismo moral. El testimonio y la coherencia de vida son instrumentos extremadamente válidos y urgentes para rubricar la predicación de la Buena Noticia.

 

*  Reconocemos la necesidad imperiosa de llegar a todos los hombres con un anuncio positivo, creativo, claro y apasionado de Cristo. Lugares privilegiados entre otros son: religiosidad popular, diálogo con la cultura, medios de comunicación social y tecnología, los colegios e instituciones educativas, etc.

  • Reconocemos el rol del laico en la comunidad, valorando su importancia en la vida pastoral. Destacamos el acompañamiento de la Pastoral Juvenil y vocacional. Asimismo, animamos la creación de espacios formativos y adhesión a los proyectos existentes.
  • Promovemos una actitud misionera, generada en la experiencia del encuentro personal y comunitario con Cristo por la Palabra y la Eucaristía.

 

SERVICIO

El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y necesidades, incluso materiales, de los hombres.” (DCE19).

Para ser una Iglesia profética en nuestro tiempo debemos vivir el Mandamiento del Amor al modo como la hacía la primera comunidad cristiana, poniendo todo en común: la oración, los bienes, la vida.

  • Somos conscientes que el testimonio de la Caridad (servicio, asistencia en el ámbito social) es una de las pocas actitudes que genera credibilidad en el hombre actual.
  • Vislumbramos la enorme necesidad de crecer en la organización de la Pastoral Social, como así también el fortalecimiento de los servicios existentes (colegios, villas, geriátricos, cárceles, centros misioneros, centros de rehabilitación de drogadictos, hogar para madres solteras, etc.)
  • Asumimos, en continuidad con el Magisterio, la opción preferencial por los pobres y excluidos.

 

LITURGIA

Nuestros Obispos nos invitan a reconocer la primacía de la Gracia en la pastoral orgánica centrada en la santidad: “La acción pastoral de la Iglesia se alimenta en la fuente de la Vida divina y alcanza su expresión más plena y bella en la liturgia…” (NMA 81). Iniciando el Año de la fe el Santo Padre nos anima “a intensificar la celebración de la fe en la liturgia y de modo particular en la Eucaristía, (…) Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada, y reflexionada sobre el mismo acto con el que se cree (P.F. 9).

  • Revalorizamos como expresión celebrativa toda la vida eclesial.
  • Deseamos reflejar en nuestras celebraciones la alegría de un Cristo Vivo, como asimismo recuperar los signos y gestos litúrgicos. Animamos a todos a celebrar y recibir los sacramentos con un espíritu de servicio y canal de gracia santificante.
  • Percibimos, en algunas comunidades, un aumento a la devoción eucarística que favorece el encuentro personal con Cristo, y animamos a seguir trabajando para su crecimiento y maduración.
  • Reconocemos en nuestro pueblo una profunda devoción mariana, especialmente en la advocación de Nuestra Señora de Luján. Asumimos intensificar el compromiso de alentar y acrecentar el amor a María de Luján, de quienes somos custodios.

Con Aparecida (553 -554) invocamos la ayuda de Nuestra Señora de Luján, siempre cercana, comprensiva y tierna. Que nos muestre a Jesús “fruto bendito de su vientre” y nos enseñe a ser discípulos misioneros, llenos de gozo por la grandeza del Señor y las maravillas que hace entre nosotros, que nos haga capaces de entregar a su Hijo al mundo.

Fecha mayo - 14 - 2012